¿DE VERDAD QUIERE USTED ESO?

J. Krishnamurti

          

           DE VERDAD QUIERE USTED ESO

          

           ¿Qué es, entonces, lo que usted pregunta ahora? ¿Está preguntado cómo puede uno abrirse paso, a través de la insulsa y gris monotonía de la vida, hacia una dimensión por completo diferente?

      

       ¿Es esto realmente lo que está buscando? ¿Es lo que realmente quiere?

      

       Si así fuera, tendría que haber una revolución total en su ser. ¿Es esto lo que usted desea? ¿Desea una revolución que haga añicos todos sus conceptos, sus valores, su moralidad, su respetabilidad, sus conocimientos, que lo aniquile de tal manera que se sienta usted reducido a la nada absoluta, que ya no posea carácter alguno, que no sea más el que busca, el que juzga, el que es agresivo o tal vez no agresivo, de modo que esté completamente vacío de todo aquello que es “usted”?...¿Es esto lo que le interesa?...

 

 

         LA MEDITACION

 

 

         En el espacio que el pensamiento crea a su alrededor no hay amor. Este espacio divide a los seres humanos y en el aparecen el llegar a ser, la batalla de la vida, la agonía y el miedo. La meditación es el fin de este espacio, el final del yo. Entonces la relación tiene un significado distinto ya que, en ese espacio que no está hecho de pensamiento, el otro no existe porque tú no existes. La meditación no está en el perseguir una visión, aunque la tradición la haya santificado, está más bien en el espacio sin fin donde no puede entrar el pensamiento. El espacio pequeño creado por él, que es el mí, es enormemente importante para nosotros porque es todo lo que la mente conoce, identificándose con todo lo que hay en ese espacio. Pero en la meditación, cuando se entiende esto, la mente puede entrar en una dimensión del espacio donde la acción es inacción. No sabemos lo que es el amor porque en el espacio del pensamiento, del mí, el amor es el conflicto del yo y del no-yo. Este conflicto, esta tortura no es amor. El pensamiento es la mismísima negación del amor y no puede entrar en ese espacio donde el yo no está. En ese espacio está la bendición que buscan los seres humanos sin poderla encontrar. La buscan dentro de la limitación del pensamiento y éste destruye el éxtasis de esta bendición.

 

                                           II

 

       La meditación es una de las cosas mas extraordinarias, si no se sabe lo que es, se está  como un ciego en un mundo de brillantes colores, de sombras y de luz cambiante. No es algo intelectual. Cuando el corazón entra en la mente, ésta tiene una naturaleza muy diferente. Es ilimitada, no sólo en el acto de pensar o de actuar eficientemente, sino también porque da la sensación de vivir en un espacio inmenso donde se es parte de todo. La meditación es el movimiento del amor, no es el amor de uno o de muchos. Es como el agua de una jarra, no importa que ésta sea dorada o de cerámica, cualquiera puede beber de ella, es inagotable. Y ocurre algo peculiar que ni la droga, ni la autohipnosis producen. Es como si la mente penetrara en ella misma desde la superficie internándose constantemente en lo profundo hasta que lo profundo y lo elevado pierden totalmente su significado pues cesa toda medida. En ese estado hay una paz total, que no es la alegría producida por alguna gratificación, sino la paz que conlleva orden, belleza e intensidad. Se podría destruir como se destruye una flor, sin embargo como es vulnerable, es indestructible. No se puede aprender de otra persona. Se debe comenzar sin saber nada al respecto y moverse desde la inocencia hacia la inocencia.

 

       El terreno en el que la mente meditativa puede comenzar es en el de la vida diaria, de la lucha, del dolor y el de la alegría fluctuante. Debe comenzar ahí, traer orden y desde ahí moverse en la eternidad. Pero si sólo se está preocupado con poner orden, ese orden traerá su propia limitación siendo la mente su prisionera. En todo este movimiento, se debe empezar en cierto modo desde el final, desde la otra orilla, pero sin estar constantemente preocupado con esta orilla o en como cruzar el río. Debeis zambulliros en el agua como si no supierais nadar. La belleza de la meditación es que nunca se sabe donde se está, ni hacia donde os dirigís, ni cual es la meta.

SER